Al hablar de los bastiones del rock mexicano, Alfonso André aparece a las primeras de cambio. Su nombre está ligado, de manera inapelable, a Las Insólitas Imágenes de Aurora, cuya progresión derivó en nuestro buque insignia por excelencia: Caifanes. Luego vinieron Jaguares, victoriosos entre las masas, y paralelamente, La Barranca, privilegio de la Raza Cósmica.
Cada grupo hizo lo que quiso con su época, y Alfonso lo propio con la batería. Pero llegado el momento de refrescar el arsenal y de reclutar a un ejército de músicos, este hombre de música se decantó por el micrófono, amigos de toda la vida y, qué mejor, su familia.
Este lavado de cara se tradujo en un disco estupendo, Cerro del Aire, sobre el cual charlamos, cara a cara, con Alfonso André himself.
¿Hace cuánto que tenías la inquietud de embarcarte en un proyecto que solamente llevara tu nombre en la tapa? Siempre, desde que empecé en esto, he fantaseado con la idea. Lo que ocurre es que disfruto mucho trabajar en equipo, de hecho, este disco es también el trabajo de otros, por lo mismo no lo considero como un proyecto solista y lo había relegado. Me gusta mucho cantar, pero también le tengo mucho respeto al oficio, porque me parece dificilísimo. No es solamente cantar bien, afinar, entrar a tiempo y demás. Hay que dar la intención correcta, realmente interpretar. El instrumento en sí es muy complicado, muy extraño. Siempre está cambiando y no es una cosa que puedas ver, sino que es parte de ti y depende de lo que hayas dormido, comido o cómo andas de ánimo. Todo influye en la voz, de ahí que le tenga tanto respeto y que me cause tanta impresión meterme. Así, postergué todo hasta que al fin hubo una oportunidad, concretamente un espacio de tiempo.
Saúl (Hernández) iba a hacer su disco solista y yo pensé que era momento de aprovechar la ocasión. Otro detonante fue pensar en todos los compañeros que han tenido crisis de salud fuertes, o que incluso ya no están con nosotros, como Rita Guerrero, el caso de mi cuñado Eugenio Toussaint, en fin, varias personas que han perecido. Sabo (Romo) también estuvo a puertas de la muerte, igual que Alejandro (Marcovich), e incluso yo. Tuve una bronca hace unos años, y por lo mismo dije, si lo quiero hacer en esta vida tiene que ser lo antes posible. Y bueno, apareció ese espacio y lo tomamos.
¿Ya contabas con un acervo de canciones, o las compusiste sobre la marcha? Hay cosas que retomamos, ideas que habíamos trabajado Federigo Fong y yo. Él es el coproductor de este disco y es el colaborador más cercano que tuve durante todo el proceso. Él ha trabajado conmigo en Insólitas Imágenes de Aurora, en Caifanes, en Jaguares, en La Barranca, vaya, ha sido parte de todos los proyectos importantes en los que he estado involucrado. Nos conocemos muy bien y nos complementamos trabajando. Con él tenía muchas ideas musicales que se habían quedado en los archivos, como pedazos de canciones y cosas que se habían ido quedando. Las retomamos y también hicimos algunas especialmente para el proyecto. El que también colaboró con nosotros en la composición es Chema Arreola, un gran baterista que en esta ocasión fungió como letrista.
Él me relevó en La Barranca cuando yo salí y nos hicimos muy amigos. Y bueno, ahora yo salí del clóset como vocalista y él como letrista. Yo no sabía que escrbía tan bien. Un día fui a su casa para ver lo del homenaje a Cerati -que él estaba encargado de organizar para el Vive Latino pasado- le empecé a platicar sobre lo que estaba trabajando con Federico y le enseñé las ideas musicales que teníamos y las melodías que yo ya había hecho, aunque tarareadas porque no tenían letra, e inmediatamente se prendió. Tomó un cuaderno, un lápiz y se puso a escribir y me gustó mucho el resultado. Además, lo hicimos juntos, él me preguntaba de qué quería que hablara cada canción, por dónde ir. Incluso yo le decía, “esto no me gusta, no es algo que yo diría”. Al final, todas las piezas quedaron hechas a mi medida, lo cual se agradece mucho.
Con tantos cómplices y amigos, ¿cómo se formó el resto del equipo? Justo eso, son muchos amigos los que participaron. Realmente el núcleo fuimos Federico y yo, que hicimos las canciones y empezamos a grabarlas, pero luego pensábamos, “¿esta canción, quién te imaginas que grabe la guitarra? ¿a quién estaría bien invitar para que grabe el piano?” Los primeros que nos vinieron a la cabeza las personas que han sido parte de mis proyectos anteriores y con las que siento que tengo una conexión.
Obviamente, José Manuel Aguilera tenía que estar involucrado, y al ser un gran compositor le pedimos un par de tracks. También participaron mis compañeros de Caifanes, Sabo, Diego (Herrera) y Alejandro. Estuvo Aleks Sintek, que me había invitado hace unos años a grabar una canción con él, pues ahora yo le pedí que me devolviera el favor de tocar en mi disco. También está Paco Huidobro, guitarrista de Fobia, con él yo había trabajado en el ensayo previo a este disco. Hice una canción para el homenaje de Caifanes y Jaguares, hice una canción (que es mía y de Saúl), "Hasta que dejes de respirar" y la produje con Paco. Me gustó mucho trabajar con él. Asimismo, estuvo mi hijo Julián y de hecho tocamos una canción a dos baterías. Y naturalmente, Cecilia (Toussaint), mi mujer, que me ayudó muchísimo en la cuestión de las voces, tanto para grabar las mías y como para poner la suya en varias de las canciones.
¿Cómo fue trabajar con tu familia? Fue muy rico poder compartir esto con ellos. A Julián le he convidado de toda la música que me gusta durante toda su vida, y hoy me siento muy orgulloso de que él también esté enamorado de ella. Igualmente, él me enseña cosas que a él le gustan, siempre hemos compartido eso, el escuchar música. Y ahora, el poder hacerla juntos, es maravilloso. Cecilia y yo hemos colaborado en algunos otros proyectos, pero nunca había estado ella en la cabina mientras yo grababa. Para empezar, yo nunca había grabado voces, entonces era todo un shock para mi y a parte tenerla a ella ahí me intimidaba mucho, porque ella tiene todas las tablas, toda la experiencia y todo el conocimiento del mundo. Ella ha estudiado canto muchísimos años, y pues yo me sentía así como un analfabeto y me daba pena. Pero bueno, hay mucha confianza y el proceso fluyó bastante bien. Me ayudó muchísimo.
¿Qué fue lo más difícil que tuviste que superar para animarte a cantar? Quitarme muchos vicios que tengo, porque siempre he cantado, me encanta hacerlo. Canto en el coche y en el baño y demás, pero tengo muchísimos vicios, entre otras cosas por no haber estudiado mucho. Entonces, enfrentarme a una persona que sí sabe cantar y que me corrigiera todo lo que hacía mál, fue difícil. Y bueno, también fue complicado darle su debido peso a cada palabra, interpretar realmente lo que estaba escrito y darle esa emoción, transmitir lo que está implícito en las palabras.
¿Te gustaría a hacer otro disco así, aunque quizá con un equipo diferente? Me encantaría, me gustó mucho la experiencia. Algunos elementos no los movería, me gustaría seguir trabajando con Federico, José Manuel y mi mujer. También querría involucrar a los músicos que ahora están tocando esto en vivo, porque me parecen fantásticos, tanto que me hubiera gustado que estuvieran en el proceso de grabación, pero no los conocía en ese entonces. Se juntó un equipo muy padre de trabajo y espero poder trabajar con ellos más adelante.
Dada la excelente respuesta del público, ¿tienes pensado extender el proyecto, como llevarlo de gira, por ejemplo? Desde que me embarqué del proceso me fui enamorando cada vez más y me encantaría poder continuar. Ahora está la gira con Caifanes y eso resta tiempo de promocionar esto, tocar en vivo y demás, pero también es algo que no me quiero perder, que quiero hacer. Tengo muchas ganas.
Creo que terminando eso me enfrascaré de nuevo en el proyecto, y sí quiero tocarlo en directo porque no es lo mismo hacerlo en el estudio que ante la gente. Cada vez me estoy haciendo más a la idea de la cantada, aunque todavía no sé hasta dónde voy a llegar, dependerá de qué tanto lo disfrute. En este momento, sí se me antoja tocarlo y llevarlo a la gente, que lo experimente en concierto, y probablemente hacer otro disco. Ahora, tampoco me interesa dejar de tocar la batería. Es algo que disfruto muchísimo y de alguna u otra manera quiero seguir haciéndolo, así que quisiera tener las dos posibilidades. A ver si puedo, luego se pone muy difícil, ya lo viví con Jaguares y La Barranca, estuve tratando de llevar los dos proyectos y a la mera hora quedaba mal con uno, con el otro, o con los dos y, bueno, tuve que dejar La Barranca. Espero que no sea el caso en esta ocasión. Al ser yo, digamos el protagonista, creo que puedo tener un poco más de control de cómo se desarrolla, espero que así sea.
¿Por qué el título, Cerro del aire? Por el lugar donde estamos ahora, sí. Este estudio se llama el Submarino del Aire, precisamente porque está ubicado en la calle de ese nombre, y Cerro del Aire es mi vida. Realmente crecí aquí, viví mi infancia, mi adolescencia. Aquí fueron mis primeros contactos con la música. Aquí ensayaron, en este cuarto donde ahora es el estudio, Insólitas Imágenes, mi primer proyecto realmente serio. Incluso antes, con mis cuates, me juntaba a tocar aquí. Caifanes ensayó aquí, Jaguares, La Barranca, todo. Este disco fue parido aquí en su totalidad, entonces es importantísimo. El álbum representa para mi una síntesis de todo, caminar por la música y un poco también de mi historia. Entonces se resumía muy bien todo en “Cerro del Aire”, que a parte suena muy bonito. Es una linda imagen.
¿El hombre de la portada, eres tú? Digamos que no soy yo, pero sí soy yo. No me copiaron, no es mi imagen, pero sí es como una persona que está en ese empezar de nuevo, en descubrir algún nuevo camino, cosas que están dentro de ti, que antes no lo estaban, y expresarlas. En mi caso es el canto, que siempre tuve muchas ganas de experimentar y que nunca me había atrevido. Entonces, el personaje está representando este camino que fue el proceso del disco.
¿De lo que aprendiste en Cerro del Aire, qué vas a aplicar en Caifanes y en futuros proyectos? Creo que todo lo que haces dentro de la música te enriquece, y eso lo puedes aplicar a donde se pueda, donde se dejen. Siempre, cada proyecto que he hecho, me ha enriquecido, me ha enseñado muchas cosas sobre la producción musical, incluso sobre la ingeniería. En este disco lo hicimos Federico y yo también hicimos las veces de ingenieros, cosa que nunca había hecho. Jamás me había atrevido a operar la consola y grabar. A la mezcla todavía no llego, esa la hizo Eduardo del Águila, que es un gran ingeniero y un gran amigo. Pero todo lo que hicimos aquí nos enseñó muchas cosas, de mi mismo también, todas las baterías las toqué yo, y bueno. No sé si lo pueda aplicar en Caifanes porque es un poco recrear lo que ya hicimos con anterioridad, pero seguramente algo de lo que hice aquí va a salir, seguro. Así es la música, así funciona. Se van permeando cosas que agarras por aquí, luego las sacas por allá y así. Es un intercambio de energías.


