Existen millones de formas de hacer “el oso”: tropezarse en público, portar orgullosamente tremenda mierda de ave en el cuello de la camisa, soltar una sonora flatulencia en pleno examen extraordinario o eructar en el rostro de la chica que, momentos antes, pretendíamos conquistar. Invariablemente todos tenemos una graciosa/penosa experiencia de este tipo, pero, qué pasa cuando la torpeza queda inmortalizada en video.
Lo mejor es levantarse, sacudirse las rodillas y consolarnos con los ridículos ajenos; porque no existe hoyo en la tierra lo suficientemente grande para enterrarnos en él.
